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Orar no es solo una de las disciplinas más importantes de los cristianos, también es un momento de intimidad en el que podemos expresar nuestros sentimientos, opiniones, dudas y certezas, como si tuviéramos una conversación con un amigo cercano. De hecho, la definición más sencilla que se le ha dado es «hablar con Dios», porque aunque él lo sabe todo, al contarle cada cosa que nos sucede lo hacemos partícipe de nuestra vida.

En el siglo XIX, el evangélico J.C. Ryle afirmó: «Dime cuáles son las oraciones de un hombre y te diré cuál es el estado de su alma». En la Biblia hay cientos de ejemplos para que sepamos cómo orar, incluso Jesús nos lo enseñó, quizás porque es muy fácil caer en ciertos errores que le roban efectividad a nuestras plegarias. Estos son algunos:

1. Hablar por hablar: Así que no repitamos el Padrenuestro una y otra vez sin entender lo que decimos, pues es muy fácil caer en este error. Pasa cuando decimos frases inconscientemente, que por más espirituales que sean terminan quedándose en el aire: Lo hacemos por costumbre, por llenar el silencio con palabras o porque nos distraemos fácilmente. Orar con consciencia es necesario para entrenar nuestra fe y para que lo que decimos tenga efecto en nuestro cuerpo, nuestra mente y en el mundo espiritual.

2. No hablar: A veces podemos pasar de orar en piloto automático a protagonizar una película de cine mudo en nuestro lugar de oración. Por supuesto es válido orar mentalmente, pero siempre es necesario un momento a solas en el que nos expresemos de forma audible. Esto también se aplica cuando nos reunimos con otras personas y una de ellas dirige la oración: No basta con sólo decir amén de vez en cuando. La Biblia hace referencia a la importancia de confesar los pecados y también dice «la lengua puede traer vida o muerte» (Proverbios 18:21, NTV).

3. No usar la imaginación: Ella es quien nos deja ver un sueño cumplido aunque no lo estemos viviendo. Cerrar los ojos para orar también es una buena oportunidad para imaginar, esa es la mejor forma de ver a Dios y sentirlo cerca. Además, fe es ver primero en el mundo espiritual lo que no aún no vemos en el físico, es la herramienta que conecta nuestra mente con lo que estamos declarando.

4. No cuidar tu mente ni tus emociones: ¿Te ha pasado que ves una película, escuchas una canción o juegas en tu celular o consola y al orar sólo aparece una imagen o sonido relacionado con eso? Algunos videojuegos, series, filmes o incluso libros bloquean nuestra mente e impiden que nos concentremos en nuestro tiempo de oración. Esto también puede ocurrir con preocupaciones, recuerdos, asuntos del trabajo o hasta personas que amamos y que han tomado el lugar de Dios. Para no caer en este error, lo mejor es identificar qué provoca esa distracción, y en el caso de lo que vemos y escuchamos, evitarlo tanto como sea necesario. En cuanto a lo que es personal o laboral, llevarlo delante de Dios, es decir, entregarle nuestras emociones, pensamientos o sentimientos, y dejar todo en sus manos.

5. Limitar el tiempo y espacio de oración: Jesús nos enseñó a hablar con él en nuestro lugar secreto, sin embargo, Dios también nos dijo a través de Pablo: «Nunca dejen de orar» (1 Tesalonicenses 5:17, NTV). Esto quiere decir que podemos y debemos hacerlo cuando viajamos en el transporte público, mientras trabajamos, comemos o hacemos fila en el banco. De todas formas, siempre sobra infinidad de asuntos sobre los cuales hablar con Dios: problemas, sueños, nuestra familia, ciudad, país, la salvación de otros, etc.

¿Qué otros errores crees que cometemos al orar? ¡Deja tu comentario!